En un rincón de un polígono industrial cerca de Utebo (Aragón), un hombre de 63 años limpia su coche con una botella de agua. Aparentemente tranquilo, Mariano Ostalé Martínez no ha querido modificar su vida. Sigue trabajando todos los días en su ebanistería. No se ha ido de vacaciones, cuenta. Pero al menos un día sí tuvo que desplazarse forzosamente: tal y como se ha dado a conocer, el pasado 4 de agosto la Guardia Civil se lo llevó detenido. Finalmente quedó en libertad con cargos, acusado de delitos contra el patrimonio histórico: los agentes intervinieron más de 2.000 piezas arqueológicas de gran valor histórico entre sus dos domicilios (Alagón y Zaragoza) y su establecimiento, además de documentación y mapas de yacimientos marcadas por X que consideran sospechosas.
“Soy una persona atípica, porque me dedico a estudiar por mi país. Toda mi vida ha consistido en analizar las ciudades celtibéricas: en los libros, no en el campo”, aclara Ostalé. Experto de esa cultura, convocado a simposios y autor de libros sobre el tema, el hombre añade que jamás participó en ninguna excavación arqueológica.

