Buscador de oro en el rioLa crisis desata la fiebre del oro en España

La crisis está provocando que cada vez más personas busquen bajo la tierra el golpe de suerte que frene la hemorragia económica que desangra sus sueños. Con el precio de la onza de oro (31,10 gramos) cotizando por encima de los 1.300 euros en los mercados de materias primas, el metal que provocó en Estados Unidos las grandes migraciones hacia el Oeste, que ha adjetivado siglos y que protege inversiones en periodos de incertidumbre ha recuperado el poder de atracción que tuvo en el pasado.

La fiebre apunta a Asturias, el territorio español más vinculado con la búsqueda del undécimo elemento de la tabla periódica. Luis Sanfiz, de 48 años, preside en Navelgas (Tineo, Asturias) una asociación de bateadores que lleva el nombre de su padre, Enrique Sanfiz. "Para nosotros la búsqueda de oro es un hobby, un mero pasatiempo. No lo hacemos por dinero. Hace años era fácil conseguir un sueldo extra pero la montaña están completamente levantada. Aquí ya no hay prácticamente nada", subraya Luis, que creció jugando con pepitas encontradas en el río que circunda su casa.

Monedas encontradas por los "cazatesoros" de OdysseyLa nueva Ley de Navegación Marítima que sustituye a la ordenanza de 1885 pone freno al expolio de los "cazatesoros" en aguas españolas

La nueva Ley de Navegación pondrá las cosas difíciles a las empresas de "cazatesoros", sancionando toda extracción de bienes culturales del fondo marino que no haya sido autorizada previamente y evitando que puedan seguir acogiéndose a la Ley de Salvamento Marítimo. Las inmersiones, sin autorización como en el caso del Odyssey, quedaran prohibidas. El nuevo proyecto presenta además medidas para prevenir la contaminación, como la exigencia de un seguro de responsabilidad civil y certificados de seguridad para la circulación de los buques y la centralización de la responsabilidad en la figura del armador.

Hasta ahora, los cazatesoros y empresas dedicadas a la extracción del patrimonio cultural de fondos marítimos españoles solían refugiarse en la Ley de Auxilios y Salvamentos y en otra normativa que tiene más de un siglo.

  • Los restos de 28 republicanos fusilados reciben sepultura
  • Fueron encontrados tras la apertura de siete fosas comunes en un cortijo
  • Los trabajos de exhumación continuarán durante la primavera de 2013

Familiares dan sepultura a los restos hallados en el MarrufoLa Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo de La Sauceda y El Marrufo ha organizado el entierro de los restos óseos de 28 personas fusiladas durante la Guerra Civil a manos del bando nacional en una zona cercana al Puerto de Gáliz, en la sierra oriental de Cádiz.

El acto, que se celebra este sábado, servirá también de homenaje a los represaliados por las tropas franquistas a su llegada, a finales de 1936, al valle de La Sauceda, donde se encuentra el cortijo El Marrufo’, enclave usado por las huestes nacionales como cuartel general durante unos meses. Al frente de éste se mantuvo el jefe de la Guardia Civil de Ubrique, José Robles Alés, quien lo convirtió en un centro de detención, tortura y fusilamiento.

La política española de patrimonio subacuático no parece estar a la altura de la victoria obtenida sobre los cazatesoros

Ha llegado el momento de exigir que España esté a la altura de la victoria en el Caso Odyssey. No podemos conformarnos con volver a la division y la pasividad que nos llevaron al expolio, ni volver a los viejos vicios y la incuria porque, lo reconozcamos o no, todo ha cambiado.

El caso Odyssey tuvo muchos efectos dañinos. El expolio en sí y la larga y costosa batalla legal en EE.UU. Pero lo peor fue la evidencia de que los responsables culturales de España y las Comunidades Autónomas habían dejado el patrimonio sumergido en el olvido durante décadas. Que se afanaban en conservar sus taifas y en rutinas que no conducen a ningún resultado científico relevante.

También tuvo cosas buenas, a la postre: España conoció la desventura de uno solo de sus millares de buques naufragados y eso bastó para avivar el interés por la historia naval, gracias sobre todo a la implicación de la sociedad civil, que generó una conciencia del valor y la defensa del patrimonio sumergido, exigiendo a nuestros políticos un cambio. Pero ese cambio está lejos de producirse.